Confesiones de una mamá expatriada

Hace días que no ando muy activa en RR.SS., y tampoco con mucha inspiración para escribir en el blog. Lo cierto es que la vida de expatriada, aunque emocionante, tiene también sus altibajos, y no todo es color de rosa. Hace una semana que me puse mala (anginas y bronquitis), y aunque hoy por fin ya puedo decir que me encuentro un 90% recuperada, el estar tanto tiempo encerrada, sintiéndome físicamente mal, no me ha ayudado mucho a seguir motivada estos días. Normalmente me fuerzo a llenar mis días de planes y cosas que hacer, y evito “pensar demasiado”, porque sé que si me paro a pensar, le doy muchas vueltas a las cosas, me entran mil dudas, la culpa me invade, y con ella los miedos, incertidumbre y, de repente, me entran ganas de hacer las maletas y volver a lo que todavía seguimos considerando “nuestro hogar”. ¿Alguna persona expatriada que le pase igual?

El venirnos a vivir a EE.UU. surgió como una oportunidad para vivir una temporada (o indefinidamente) en otro país, con otra cultura, y otra lengua, que permitiera que los niños tengan una inmersión lingüística auténtica, y poder conocer otros lugares que de otra manera hubiese sido muy complicado conseguir. El haber estado en contacto desde hace años con la cultura estadounidense y tener amistades de este país hizo que en ningún momento lo tuviéramos idealizado, como mucha gente en España lo tiene. Me escandaliza bastante cuando alguien cree que venirse a vivir a EE.UU. es como vivir en un sueño. Y a pesar de no tenerlo idealizado, la burocracia, el choque cultural y todas las diferencias que existen, hacen que venirse a vivir aquí (o a cualquier otro país distinto al propio) no sea un camino de rosas. Hay días buenos, y luego hay días que entran ganas de tirar la toalla y mandar todo a tomar viento (a pesar de haber sabido muchas cosas de antemano y estar mentalizados…).

No todo en EE.UU. es perfecto. Hollywood ha hecho que parezca que el estilo de vida de aquí es perfecto (y en España hay dos posturas: por un lado están los que si algo es extranjero, muchas veces lo prefiere a lo autóctono, idealizándolo y admirándolo por el simple hecho de ser “de fuera”; y por otro lado los que opinan, sin ni siquiera haber salido del país, que “como en España en ningún sitio”, y se menosprecia todo lo extranjero, sin ser capaces de abrir la mente y tener un mínimo interés en conocer lo que es diferente o lo desconocido. Ambas posturas me parecen extremas y muy catetas). Pero como en todo, y en cada país, hay cosas buenas y no tan buenas. Tampoco quiero ponerme negativa y criticar todo el sistema de una nación que me acaba de acoger, porque tampoco sería justo (me queda todavía muchísimo por aprender de cómo funcionan las cosas aquí y puedo estar criticando algo injustamente, sin saber el trasfondo o las razones por las que sea algo de tal manera), al igual que tampoco quiero edulcorar todo, como si todo fuera maravilloso y mucho mejor que en España. Tampoco es así. En este blog hasta el momento he querido centrarme de la forma más objetiva (y positiva) posible en algunas diferencias que nos hemos ido topando por el camino, aunque he preferido no mencionar o explayarme en otras diferencias que nos hemos encontrado y que no me han gustado tanto (pero obviamente, hay un gran componente subjetivo que juega parte en ese criterio…). Porque si alguien está a punto de venirse a vivir aquí, lo que no quiero es hundirlo o desmoralizarlo. Si se quiere vivir en el extranjero hay que hacerlo a sabiendas de que habrá cosas que te maravillen y te encanten, otras que simplemente aceptarás sin mayor problema, y otras que no te acabarán de gustar o se te atragantarán, y siempre preferirás las de tu país de origen.

Pero como hoy ando algo desmotivada, en general, me voy a permitir un post de desahogo y confesiones, y os diré cuáles han sido las cosas que menos me han gustado (de momento y a riesgo de cambiar de opinión en un futuro, o de tener una idea equivocada) de EE.UU.:

Los precios en los comercios suelen ser los precios sin IVA. Es algo que me da mucha rabia, y no termino aún de acostumbrarme a esto. Con lo cual siempre me acaba sorprendiendo el precio final cuando paso todos los productos por caja.

Las propinas. Ya sea si vas a un restaurante, o pides pizza a domicilio, o simplemente haces la compra online… Aunque no es obligatorio, socialmente se espera que dejes una propina ya que las personas que realizan esos trabajos, tienen salarios muy bajos. Esa parte la entiendo, y me hace tener sentimiento de culpa si se me cruza por la cabeza no dejar propina. Pero por otro lado ese “compromiso” social de tener que dejar una propina, teniendo ya de por sí que pagar un servicio, me sienta bastante mal. Que paguen un salario más alto a sus trabajadores y dejen de pedir que se lo paguemos los demás. Venga, ahora llamadme rata, desalmada o egoísta.

El sistema sanitario. No es que en España no supiera apreciar la sanidad pública, porque realmente aunque yo me beneficié durante apenas un par de años de sus servicios, acabé muy desencantada tanto por el trato, como los servicios y el trabajo que realizaron… La mayor parte del tiempo que he estado en España, estuve con un seguro médico privado y médicos con los que realmente me sentía en buenas manos (aun así, soy consciente de la suerte que tenemos en España con su sistema sanitario). Sin embargo en EE.UU., aunque no existe realmente una sanidad pública como la conocemos en España, y ya sabía que es obligatorio tener seguro médico privado… la sorpresa te la llevas cuando además de estar pagando mes a mes tu cuota del seguro, si un día vas al médico o tienes que ir a urgencias, tienes que pagar también de tu bolsillo (o al menos parte). ¿Perdona? Todos los seguros médicos son de copago (aunque debo aclarar que si superas una determinada cifra de gastos médicos, el seguro médico empieza a hacerse cargo de las facturas médicas -siempre y cuando el seguro cubra esos servicios o tratamientos- pero eso ya varía de una póliza a otra o de la situación personal de un paciente a otro). No me gusta generalizar, porque desconozco si mi realidad es o no la misma en todas las familias estadounidenses, así que sólo hablaré por nosotros. Nosotros tenemos una cuenta HSA en la que mes a mes, parte del salario de mi marido se deposita para poder cubrir cualquier gasto médico que surja… con lo cual para aquellos que se piensan que nos vinimos a vivir como ricos, con esto os puedo ir demostrando cómo el salario de mi marido rinde menos con cosas como éstas. Para mí el tema de la sanidad en EE.UU. me genera mucha intranquilidad, inseguridad, e incluso ansiedad, si os soy sincera (aunque me vine aún sabiéndolo).

Dificultad para relacionarse y hacer amigos entre adultos. Cuando llegué me parecía la gente más educada que en España, y estaba encantada con que todo el mundo saludara, diera las gracias, y siempre ofrecieran su ayuda de forma tan generosa y desinteresada. Y en eso no he cambiado de opinión. Sin embargo estoy observando que resulta mucho más complicado socializar, y crear conexiones y amistades aquí que en España. La gente, al menos de esta zona (que es importante recalcarlo, porque imagino que esto variará mucho de una región a otra, al igual que el carácter de los españoles es diferente según la zona en la que vivan), es muy privada y reservada, y salvo para saludar, no cruzan palabra con nadie ni intercambian miradas. En los parques, cada padre está con su prole, y los padres no hablan con otros padres, salvo que se conozcan previamente de otro lugar. En el trabajo la gente habla poco, no aprovechan los almuerzos como encuentros sociales. La mayoría de la gente se relaciona y hace amigos en clases (de algún hobby, deporte, universidad…) o en la iglesia (hay tantísimos tipos de religiones que abruma). Prácticamente todo el mundo va los domingos a misa. Nosotros somos católicos, pero no practicantes. A quien le guste bien, y a quien no, pues nada. Vivimos la religión de manera privada, y no nos gusta la institución de la Iglesia en sí, porque siempre nos ha generado desconfianza (y no quiero profundizar más en el tema aquí en el blog). Aún así creo que estamos teniendo suerte, porque a pesar de ser invierno y llevar apenas unos meses aquí, hemos conocido ya algunas personas y hemos conseguido quedar para que los niños jueguen. No podría decir que son amigos, pero al menos son conocidos y quién sabe si más adelante, la relación acaba en amistad.

Necesitar tener coche sí o sí. Aquí las distancias no son como en España, pero aún teniendo algo relativamente cerca de casa, al menos en pequeñas localidades como la nuestra, no hay apenas aceras, y resulta complicado caminar en algunas zonas (sobre todo con dos peques), atravesando o caminando por pequeñas carreteras o calles por donde pasan camiones cada dos por tres. No tener un pequeño súper o alguna frutería cerca, hace que se necesite el coche para hacer la compra. De momento también necesito el coche para llevar a Hermanito Mayor al cole, porque con la nieve y el frío es complicado llegar hasta allí. Ya os contaré en primavera si cambiamos la rutina y vamos dando un paseo. Así que ahora mismo nuestra vida se ha vuelto muy sedentaria: casa-coche-supermercado, casa-coche-cole… ¡Y eso no me gusta nada! Por eso nos hemos apuntamos a un club social donde poder hacer algo de ejercicio (mis hijos y mi marido ya lo están haciendo… si mi hija koala se despegara algo de mí, me iría a las pistas de atletismo a correr algo o a la piscina a nadar).

Y aquí lo voy a dejar por hoy. ¿Vosotros qué opináis? ¿Habéis venido a EE.UU. o habéis vivido aquí o en un país extranjero una temporada? ¿Qué cosas no os gustaron y por qué? A nosotros igualmente hay cosas de España que tampoco nos gustan y que nos empujaron a emigrar y meternos en esta aventura, ¿hay algo de España que no os guste o sois de la opinión que España es el país perfecto y no hay nada que esté a su altura? ¡Me encataría conocer vuestra opinión!

4 comentarios en “Confesiones de una mamá expatriada

  1. Yo creo que todos los sitios tienen cosas buenas y malas y depende de hacia donde decante tu la balanza. Yo creo que como donde vivo en ningún lado, pero sobretodo por tener a la familia cerca. Sé que en muchos sitios estaríamos bien pero como la cultura que uno conoce no hay nada…

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    1. La familia es algo que pesa mucho. Al menos para mí la familia sería el motivo por el que nos habríamos quedado en España… Sin embargo, por querer ofrecerles mejores oportunidades a mis peques, decidimos hacer de tripas corazón y venirnos aquí. Es una decisión muy complicada y no se puede tomar a la ligera… Vivir en Estados Unidos es una experiencia que no siempre se tiene la oportunidad de vivir, y desde luego, es enriquecedora en todos los sentidos. Pero no por eso quiero que se entienda como que la vida aquí es perfecta, al igual que me repatea escuchar a la gente que dice “como en Sevilla en ningún sitio”, sin tan siquiera haber salido al extranjero y no tener mayor conocimiento de causa… no sé si me explico.

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      1. Te explicas perfectamente. Yo también odio al que no quiere ni salir pensando que esto es lo mejor, pero sobretodo al que piensa que aquí todo va mal y en los demás sitios es todo perfecto. En todos lados cuecen habas…
        Yo lo que peor llevaría sería ir en coche a todos lados y la dificultad con la socializacion.
        Besos

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      2. Exacto, lo has dicho tal cual, en todos lados se cuecen habas… Habrá cosas buenas aquí, que en España hay que mejorar, y al revés. A mí me da mucha pereza conducir, la verdad. Me gusta caminar para ir a cualquier sitio. Estoy deseando que llegue el buen tiempo y ver si es posible ir al cole paseando. Debo puntualizar que el problema de tener que ir en coche a todos sitios es aquí, en este pueblo. Boston en cambio es una ciudad perfecta para caminar de un lado a otro. Está genial para pasear. En cuanto a la socialización me da la sensación de que depende del lugar… Y nos ha tocado una zona algo más reservada jeje

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